Hay viajes que se recuerdan por los lugares que visitas. Otros, por las personas que conoces.
Nuestro viaje a Tanzania ha sido de los segundos.
Fuimos juntas, como amigas y como voluntarias de campo de la Fundación Elena Barraquer, sin saber exactamente cómo sería la experiencia. Sabíamos que íbamos a trabajar, que habría pacientes, que acompañaríamos al equipo y que formaríamos parte de una expedición quirúrgica.
Pero una cosa es saberlo y otra muy diferente es vivirlo.
Durante la expedición fuimos conociendo a personas que llevaban meses, y en algunos casos años, conviviendo con una visión muy limitada debido a las cataratas. Personas para las que algo tan sencillo para nosotros como ver la cara de un familiar, caminar sin ayuda o reconocer lo que tienen delante se había convertido en algo difícil.
Y entonces llega la cirugía.
Y después, ese momento que cuesta explicar con palabras: cuando una persona vuelve a ver.
Durante nuestra expedición en Tanzania se realizaron 222 cirugías de cataratas.
222 personas.
222 historias.
Y también 222 veces en las que pudimos comprobar que detrás de una cirugía hay muchísimo más que una intervención médica. Hay familias, autonomía, trabajo, oportunidades y una vida que vuelve a abrirse.
Para nosotras ha sido un privilegio poder vivirlo juntas.
Volvemos con cansancio, sí. Con muchas imágenes y muchas historias en la cabeza. Pero, sobre todo, volvemos con la sensación de haber formado parte de algo que tiene un significado enorme.
Porque cuando ves de cerca cómo cambia la vida de alguien después de recuperar la visión, entiendes que devolver la vista no es solo hacer que alguien vuelva a ver. Es ayudarle a recuperar una parte de su vida.
Y esa es una experiencia que, juntas, no vamos a olvidar.
expedico