Nunca había sido tan sencillo poner tu granito de arena para ayudar a quienes nacieron con menos oportunidades. La FEB no solo te acerca a esa posibilidad que llevas tiempo imaginando, sino que te permite ser testigo directo de cómo una vida puede cambiar para siempre gracias a tu sola presencia.
No necesitas mucho más que las ganas de ayudar, pues se te asigna un equipo donde tus labores son sencillas de aprender, pero esenciales.
Cada expedición se siente única, pero en Nigeria viví algo que transformó profundamente mi manera de entender el impacto de lo que hacemos: ver cómo personas que habían pasado años en la oscuridad recuperaban la luz en sus vidas; personas que, de no haber sido por esta semana, estaban destinadas a pasar el resto de sus días así.
El cansancio y el trabajo interminable se desvanecieron frente a la emoción de devolverle la visión a 641 personas. No eran solo números: eran historias, familias y sueños que volvían a nacer.
No me cabe la menor duda de que la vida, tarde o temprano, regresa todo lo bueno que das. En esta expedición, ese intercambio fue inmediato y profundo: no solo dejé un pedazo de mi corazón en ese bello país y en mi equipo (que ya es familia), sino que también me llevé un pedazo de ellos de regreso a casa. Vuelvo a mi país con la certeza de que, a veces, cambiar una vida junto a personas extraordinarias también cambia la tuya para siempre.

