Kenia: una expedición empieza mucho antes de llegar

Hay una parte de una expedición que pocas veces se ve.

No aparece en las fotografías del quirófano ni en las historias de los pacientes. Ocurre mucho antes de que nuestro equipo se suba a un avión.

Una expedición quirúrgica necesita meses de trabajo y coordinación. Necesita personas que están sobre el terreno, que conocen las comunidades, que localizan a los pacientes, realizan las campañas de detección, identifican quién necesita una cirugía y se aseguran de que esas personas puedan llegar al lugar y estar preparadas cuando nuestro equipo llegue.

Ese trabajo es fundamental.

En nuestra expedición a Kenia movilizamos a un equipo de más de diez personas: cirujanos, anestesistas, enfermeras, oftalmólogos, optometristas, profesionales de la Fundación y demás voluntarios. Personas que dejan durante unos días sus trabajos, sus familias y sus rutinas para viajar miles de kilómetros y operar a personas que necesitan recuperar la visión.

Sin embargo, esta vez nos encontramos con una situación difícil: muchos de los pacientes que esperábamos no acudieron.

No podemos decir que fue un fracaso. 57 personas fueron operadas y volvieron a ver, y detrás de esas 57 cirugías hay 57 vidas que han cambiado.

Pero tampoco queremos esconder que sentimos tristeza y frustración.

Porque sabemos todo lo que un equipo como el nuestro puede hacer cuando llega a un lugar donde hay pacientes preparados para ser atendidos. Y porque cada expedición supone un esfuerzo humano, logístico y económico enorme.

Esta experiencia nos recuerda algo importante: nuestro trabajo no empieza cuando llegamos al país de destino.

Empieza mucho antes, gracias a las personas y organizaciones que están allí trabajando cada día.

La selección previa de pacientes, la coordinación con las comunidades, la confirmación de las citas y el acompañamiento hasta el momento de la cirugía son piezas esenciales para que todo el esfuerzo de una expedición pueda aprovecharse al máximo.

Por eso, más que señalar culpables, esta experiencia nos invita a seguir mejorando juntos. A reforzar la coordinación con nuestros equipos locales y a asegurarnos de que, cuando nuestros voluntarios lleguen, todo esté preparado para atender al mayor número posible de personas.

Porque cada paciente cuenta.

Y porque detrás de cada viaje hay muchas personas trabajando para que una persona pueda volver a ver.

57 personas lo consiguieron en Kenia. Y seguimos trabajando para que sean muchas más.